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SURUSIC
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Una historia de mujeres, transformación y amor por el Lago de Atitlán

“Hay cosas que parecen haber terminado su historia, hasta que llegan a las manos correctas.”

Conocer la historia ↓
Integrantes de Atitlán Recicla junto al letrero Yo amo Atitlán
Vista panorámica del Lago de Atitlán y sus volcanes
Fotografía: Antonio Gerardo Fabio Romero Díaz

Donde comienza la historia

A orillas del Lago de Atitlán, entre comunidades que han aprendido a vivir mirando sus volcanes, sus aguas y sus cambios, también se escriben historias que pocas veces alcanzamos a ver.

Esta es una de ellas.

Comienza con algo tan sencillo como una botella de vidrio. Una botella que quizá estuvo en una mesa familiar, acompañó una celebración, guardó una bebida o fue parte de un momento cotidiano. Después de cumplir su función quedó vacía. Para muchos, allí terminaba su historia.

Podía convertirse simplemente en un residuo.

Pero hubo mujeres que aprendieron a verla de otra manera.

Donde alguien veía una botella vacía, ellas comenzaron a ver material. Donde parecía haber un desecho, comenzaron a imaginar una nueva pieza. Y donde podía existir un problema ambiental, encontraron también la posibilidad de construir una oportunidad.

Así, poco a poco, el reciclaje dejó de ser únicamente una acción para recuperar materiales. Se convirtió en trabajo, aprendizaje, organización, creatividad y esperanza.

Las mujeres detrás de cada pieza

SURUSIC no puede contarse únicamente hablando de vidrio, herramientas o productos terminados. Para entender su esencia hay que hablar de las mujeres que están detrás de cada pieza.

Mujeres de la Cuenca del Lago de Atitlán que forman parte de la Cooperativa Atitlán Recicla y que han decidido sumar su esfuerzo a una tarea común: recuperar materiales reciclables, evitar que se conviertan en contaminación y encontrar nuevas formas de devolverles valor.

Son manos reales. Manos que trabajan, que aprenden, que se esfuerzan y que transforman.

Detrás de cada vaso y de cada vela hay tiempo, dedicación y un proceso que también habla de la vida de quienes lo hacen posible. Porque cuando una mujer encuentra una oportunidad para generar ingresos, fortalecer sus capacidades y aportar a su hogar, el impacto no termina en ella. Alcanza a su familia y puede extenderse a su comunidad.

Por eso, en SURUSIC cada pieza tiene dos transformaciones: la del material que recibe una segunda vida y la de las oportunidades que pueden nacer alrededor de ese trabajo.

Juana Tax, integrante del equipo de SURUSIC en el taller
Vidrio recuperado durante el proceso de transformación en SURUSIC

El nacimiento de SURUSIC

En agosto de 2024, como parte del proceso desarrollado por la Cooperativa Atitlán Recicla, con el acompañamiento de la Asociación Amigos del Lago de Atitlán y el apoyo de organizaciones aliadas, nació SURUSIC.

La idea tenía un propósito claro: avanzar un paso más en la cadena del reciclaje.

No bastaba con recuperar una botella. Había que preguntarse qué podía suceder después.

¿Y si ese vidrio pudiera regresar a un hogar convertido en algo útil y hermoso? ¿Y si aquello que antes llamábamos “desecho” pudiera convertirse en una fuente de valor? ¿Y si cuidar el Lago también pudiera abrir caminos para las mujeres que viven en su Cuenca?

De esas preguntas comenzó a tomar forma una marca con una profunda raíz social y ambiental.

SURUSIC nació para transformar.

Transformar vidrio en nuevos productos. Transformar residuos en recursos. Y contribuir a transformar oportunidades para mujeres y familias de la Cuenca del Lago de Atitlán.

Una botella que cuenta una nueva historia

El proceso comienza cuando una botella que ya cumplió su primera función es recuperada.

Desde ese momento deja de ser solamente un residuo. Pasa por manos que la seleccionan, trabajan y transforman hasta convertirla en una nueva pieza.

Entonces sucede algo hermoso: aquello que parecía haber llegado al final vuelve a empezar.

El vidrio puede convertirse en un vaso, una vela o un detalle especial. Ya no es la botella que fue, pero conserva algo de su historia. Su materia permanece; lo que cambia es su propósito.

Esa es una de las ideas más poderosas de la economía circular: comprender que muchas cosas no tienen por qué terminar cuando dejamos de utilizarlas por primera vez.

En SURUSIC, esa idea se vuelve tangible. Se puede tocar. Se puede llevar a casa. Se puede regalar.

Y, sobre todo, nos recuerda que nuestras decisiones cotidianas también tienen el poder de cambiar el destino de los materiales que utilizamos.

Más allá del vidrio

La búsqueda de nuevas formas de aprovechar los recursos también está presente en las velas SURUSIC.

Actualmente se utiliza una fórmula especial que combina cera elaborada a partir de aceite filtrado, cera de abeja y aceites esenciales. Es una muestra de cómo la creatividad puede encontrarse con el aprovechamiento de recursos para crear nuevos productos dentro de una visión de economía circular.

Cada material recuperado representa una pequeña decisión a favor de un entorno más limpio.

Y cuando muchas pequeñas decisiones se encuentran, pueden comenzar a producir grandes cambios.

Trabajo de revisión del vidrio en el taller de SURUSIC

El Lago también forma parte de esta historia

Hablar de SURUSIC es inevitablemente hablar del Lago de Atitlán.

El Lago no es solamente el paisaje que rodea esta historia. Es parte de la razón por la que existe.

Quienes viven en su Cuenca conocen su belleza, pero también saben que conservarla requiere acciones concretas. Cada material que se recupera, cada residuo que encuentra un manejo adecuado y cada persona que aprende a consumir de una manera más consciente suma a ese esfuerzo colectivo.

Por eso, cuidar el Lago no es una tarea distante.

Está en las decisiones que tomamos todos los días: en lo que compramos, en lo que desechamos, en aquello que decidimos reutilizar y en los proyectos que elegimos apoyar.

SURUSIC demuestra que el desarrollo y la conservación no tienen por qué caminar por rutas diferentes. Pueden encontrarse en una misma historia cuando el trabajo se hace con responsabilidad, solidaridad y amor por el territorio.

Vista del Lago de Atitlán y sus volcanes
Fotografía: Homero Escobar López
Mujeres de Atitlán Recicla trabajando juntas

Cuando eliges SURUSIC

Cuando una persona elige un producto SURUSIC, no está llevando únicamente un objeto a su hogar.

Está llevando una historia.

La historia de una botella que tuvo una primera vida y encontró la posibilidad de comenzar nuevamente.

La historia de unas manos que la recuperaron y transformaron.

La historia de mujeres que, a través del trabajo colectivo, buscan fortalecer sus oportunidades económicas y mejorar su calidad de vida y la de sus familias.

Y también la historia de una Cuenca que necesita que todos aprendamos a mirar los residuos de otra manera.

Por eso cada pieza tiene un valor que va más allá de su forma.

Es el resultado de una cadena de decisiones, esfuerzos y esperanzas que se encuentran en un mismo objeto.

Mujeres de Atitlán Recicla trabajando juntas

Una historia que todavía se está escribiendo

SURUSIC no es una historia terminada.

Es una historia que continúa cada vez que una botella es recuperada. Cada vez que unas manos la convierten en algo nuevo. Cada vez que una mujer encuentra en este proceso una oportunidad. Cada vez que alguien decide llevar una de estas piezas a su hogar y comprende todo lo que existe detrás de ella.

Todavía quedan muchas páginas por escribir.

Páginas de aprendizaje, crecimiento, nuevos productos y nuevas oportunidades. Páginas en las que el cuidado del Lago de Atitlán pueda seguir encontrándose con el desarrollo de las personas que viven a su alrededor.

Porque hay transformaciones que comienzan con algo aparentemente pequeño.

A veces comienzan con una botella vacía.

A veces comienzan con unas manos dispuestas a trabajar.

A veces comienzan cuando alguien decide creer que aquello que otros consideran un final puede convertirse en un nuevo comienzo.

SURUSIC representa eso:

Una botella que vuelve a transformarse.
Un residuo que recupera su valor.
Una mujer que encuentra una nueva oportunidad.
Y un Lago que nos recuerda todos los días que vale la pena cuidarlo.

Del Lago de Atitlán, a las manos de una mujer.
De sus manos, a tu hogar.

Y de tu decisión, puede comenzar una nueva historia.

Velas SURUSIC elaboradas en vidrio recuperado

Del Lago de Atitlán, a las manos de una mujer.

De sus manos, a tu hogar.

Y de tu decisión, puede comenzar una nueva historia.

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